18.3.08

Matt



Era de noche y Matt vagaba por el bosque, donde el viento agitaba las ramas de los árboles y que, a la luz de la Luna parecían garras y el ruido que hacían, sus alaridos. Donde se podía guiar únicamente por el suave ulular de los búhos en la oscuridad de ese lugar, del que no se veía el final.
Una apuesta, una estúpida apuesta era la responsable de que Matt se encontrara allí. Estaba asustado, muy asustado, y, oyó el aullar de un lobo que parecía estar muy cerca, demasiado cerca…Matt se acurrucó junto al tronco de un árbol, temeroso por lo que le podría pasar. Pero su pesadilla no había hecho más que empezar.
Otro aullido, y otro, y otro… cada vez sonaban más cerca y pronto encontrarían su presa perfecta. Matt no pudo resistirlo más. Salió corriendo. No sabía a dónde se dirigía, pero no le importaba. Siguió corriendo hasta llegar a una enorme verja que le impedía el paso, siguió mirando y vió una ventana que daba a alguna sala de aquella mansión, una sala iluminada por el suave resplandor de, quizás, una vela, o algo parecido. Se quedó un rato mirando aquella ventana que le parecía tan peculiar y familiar que no pudo reprimir un suspiro.
Por el pequeño descuido de pararse, y quedarse en el sitio, Matt se vió rodeado de lobos hambrientos, que esperaban encontrar el momento oportuno para atacar a su presa. Más lobos vinieron, y junto con los anteriores, sumaban casi 20. El más grande, que se situaba delante de su presa, giró la cabeza a un lado y al otro, para ver cuánto tocaba a cada uno. No parecido gustarle la idea de que más se sumaran al festín, por lo que se volvió a otro lobo que llegó después y le enseñó los colmillos, para ahuyentarle.
Matt aprovechó el descuido trepó por la verja para situarse al otro lado y escapar. Uno de los lobos advirtió sus intenciones y se echó encima del chico desgarrándole el pantalón y parte de la pierna. Matt soltó un grito de dolor que percató a los lobos de sus intenciones. Pero ya era tarde, Matt saltó la verja y se dejó caer sobre la verdosa hierba de aquel jardín lleno de árboles secos. Empezó una tormenta.
Se acercó a la puerta, cojeando. Llamó, pero para su sorpresa nadie contestó. Se llenó de valentía y entró en lo que parecía ser el pasillo, por el que cuadros y estatuas volaban por las paredes, como por arte de magia, por el inmenso pasillo del que no se veía el final. Dio un paso y la sala quedó iluminada por velas colocadas en el techo. Los cuados volvieron a su sitio, y las estatuas desaparecieron. De pronto vió una gran puerta ante sí. Se volvió, pero no se veía el final. Se quedó mirando un rato la majestuosa puerta que tenía delante. Quiso entrar dentro, y pasar a otra sala, pero oyó atrás, muy lejos, un portazo y después, observó que las luces parpadeaban, y los cuadros se elevaban hacia el techo, temerosos, y que, un cuervo se posaba sobre el quicio de la puerta.
De pronto, oyó una carcajada y se quedó en el sitio, paralizado. Quiso salir corriendo, pero sus piernas no le respondían. La luz se apagó y Matt oyó otra carcajada; se encendieron de nuevo las luces, y comprobó horrorizado que se estaba hundiendo en el duro suelo de aquel lugar. Gritó.
El cuerpo de Matt no se encontró, y sus familiares y amigos creyeron que se había fugado. En sus corazones sigue la esperanza.Matt pasó a ser una estatua más de la mansión en la que murió.

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